LOS ECOSISTEMAS DE PASTIZALES DEL SUR DE TEXAS LAS CLAVES DE LA SUSTENTABILIDAD

C. Wayne Hanselka y Steve Archer Department of Rangeland Ecology and Management, Texas A & M University

INTRODUCCIÓN

Las planicies del Río Grande y las llanuras costeras del sur de Texas se han distinguido por su importante industria ganadera y abundante población de fauna silvestre. Esta región de 30 millones de acres, se ubica al sur de San Antonio y se extiende al este hacia la Costa del Golfo y al sur hacia el valle bajo del Río Grande; tiene áreas altamente productivas que pueden ser utilizadas para producir granos forrajeros. Las engordas de ganado (ganadería) dependen tanto de la cosecha de estos granos forrajeros como de la vegetación nativa. También son importantes los cultivos intensivos a nivel local, sobre todo donde se dispone de agua para riego agrícola.

El uso más importante de la tierra en la región, sin duda, es la producción del ganado de carne y la recreación relacionada con la fauna. Estadísticas agrícolas indican que el valor de la industria de la carne en la región excede los $625,245,000.00 dólares. Esto es el equivalente al 33% del valor de la producción total de productos básicos de la región y del 6 al 10% de la producción total de productos básicos en Texas. Los ingresos por las actividades de caza exceden anualmente de los $25,000,000 dolares.

El sur de Texas también ha sido tradicionalmente reconocido por ser el área donde se ubican algunos de los ranchos más prominentes del estado. Sin embargo, como en todas partes, el ambiente económico de los últimos 20 años ha generado cambios en la rentabilidad de las empresas ganaderas tradicionales del sur de Texas. Se incrementó la competencia, aumentaron los costos y la aplicación de nuevas tecnologías y el manejo óptimo de los recursos disponibles hicieron que la ganadería rentable se convirtiera en una tarea difícil y compleja. Estos desafíos para la sostenibilidad, se tornan más difíciles por el clima errático y variable que influye la productividad potencial de las tierras pobladas con numerosos ecosistemas.

Considerada como una extensión sureña de las Grandes Planicies Norteamericanas, la región es conocida como la "Provincia Biótica Tamaulipeca" (Blair 1950), el "Sur de Texas" o las "Planicies del Río Grande" (RGP) (Schuster y Hatch 1990), y la "Subprovincia de las Llanuras de Coahuila y Nuevo León" en México (Anónimo 1981). Localmente la región es llamada como el "país del arbusto," "monte", y "brasada."

SUELOS Y CLIMA

El paisaje consiste principalmente de colinas ondulantes y valles aluviales, pocas montañas de baja altura se localizan a lo largo de los límites del sur en México. La región es dominada por la ganadería, aunque se localizan algunas áreas de cultivo a lo largo de toda el área.

En esta provincia se encuentra una gran variedad de suelos. Estos varían en textura desde arenas finas hasta grava o arena gruesa y pueden ser profundos o poco profundos e ir de arcillas gruesas a suelos gruesos mixtos. Son también comunes el caliche y gravas o arenas gruesas. La mayoría de los suelos son de origen aluvial y se agrupan dentro de 17 sitios de pastizal (Nelle 1982; Pendleton y Carter 1974).

El clima se clasifica como húmedo y subtropical con veranos calientes y secos y con inviernos moderados. Como regla, los períodos libres de heladas exceden los 300 días y las heladas prolongadas son raras. Aunque las "heladas severas" son raras, también estas ocurren con suficiente frecuencia para limitar la existencia de demasiadas especies leñosas en la región, limitando su crecimiento y el desarrollo de su cobertura potencial (Lonard y Judd 1985). Es típico que en el verano, la temperatura exceda los 35° C.

La precipitación es bimodal, registrándose las máximas precipitaciones en primavera y otoño. Las lluvias de primavera son el resultado de actividad frontal, mientras que las de otoño generalmente son de origen tropical. La cantidad de precipitación recibida en el otoño es normalmente la más consistente. La precipitación promedio anual, fluctúa de 200 mm a 1400 mm, pero de seis a ocho meses del año son relativamente secos. El promedio total de precipitación para la región es de 430 mm, con las cantidades más importantes recibidas a lo largo de la costa. La precipitación total decrece de este a oeste. La transpiración y la evaporación exceden por mucho la cantidad de agua disponible por la precipitación. Los rangos de la relación precipitación anual/transpiración (P/T) superan el 22.9, así que el área podría ser realmente clasificada como árida en lugar de semiárida. Registros de la Presa Falcon, cerca de Zapata indican que en promedio se pierden anualmente 288.3 cm por evaporación. Las altas temperaturas son un factor determinante para estas elevadas pérdidas por evaporación

La precipitación es también muy errática. El área tiene el segundo coeficiente más alto de variación (relación de la desviación estándar con respecto a la media) en la precipitación (35%), entre las regiones semiáridas del mundo (LeHouerou y Norwine 1988). Esta extrema variación en la humedad de un año a otro es posiblemente la restricción mas importante para los sistemas ecológicos y agrícolas, aún más que la baja cantidad de precipitación anual. Las sequías son también comunes y frecuentemente severas. Se recuerdan once sequías principales en el norte de México durante el periodo de 1774-1863 (Harris 1975), cuatro en el sur de Texas de 1892-1956 (Waldrip 1957) y tres en años recientes (1981-1983, 1988-1990, y 1993-1996). Entre 1900 y 1983 los patrones anuales de precipitación del sur de Texas produjeron 30 años de sequías (38%), en los que se registró una precipitación menor al 90% de la precipitación promedio anual (Norwine y Bingham 1985).

LAS VERTIENTES

La naturaleza errática de la precipitación y las relativamente bajas cantidades totales de precipitación recibidas contribuyen para que se registre escasez de agua superficial en la región y para que los flujos de sus desagües sean muy variables tanto en tiempo como en cantidad.

El caudal del Río Grande/ Río Bravo desde El Paso hasta Brownsville promedia 4.51 mil millones de m3 de agua anualmente y proviene de una amplia variedad de afluentes. Aproximadamente el 60% de este flujo se origina del lado mexicano y ningún afluente mayor contribuye con agua después del Río Pecos dentro de la porción de Texas de la cuenca baja del Río Grande/Río Bravo. Sin embargo, 47 grandes y pequeñas vertientes efímeras descargan agua dentro del caudal principal del río.

Los flujos del Río Grande han sido históricamente erráticos. En el año 1827, en Laredo, Berlandier (Ohlendorf, Bigelow, y Standifer 1980) reportaron que el caudal del Río Grande era normalmente bajo, el cual se acrecienta en la estación lluviosa y que las lluvias ya sea en el flujo del río o en cualquier otra parte son "tan escasas que no son útiles." Las orillas del río en Laredo estuvieron tan erosionadas, que el acceso al río para irrigar fue prácticamente imposible. También, reportó que el agua contenía tanto cieno que los residentes tenían que colarla a través de la cubierta del nopal (Opuntia sp.) para hacerla potable. Los reservorios y presas en ambos lados de EUA y México han controlado de manera importante las inundaciones que provocaba el río, pero han sido poco efectivos en impactar sus flujos estacionales y anuales y las tasas del flujo.

POBLACIONES DE FAUNA

La amplia variedad de tipos de vegetación en el sur de Texas contribuye al excelente hábitat de la fauna para las cuatro principales especies de caza en esta región: venado cola blanca, codorniz, paloma (mourning dove), y la paloma ala blanca (white-winged) ( (Hanselka, Paschal y Richardson, 1991). Estas diferentes especies de fauna son importantes recursos económicos. La paloma ala blanca (white winged dove) es una especie favorita para la caza en la región este del Valle Bajo del Río Grande, mientras que la codorniz y el venado cola blanca son importantes para los condados de las vertientes superiores. Aproximadamente la mitad de los ranchos de Texas dentro de los cinco condados del área abajo de Laredo rentan su tierra para cacería (Hanselka, Paschal, and Richardson 1991).

HISTORIA DE LA VEGETACIÓN TEMPRANA

La vegetación natural de la Provincia Biótica Tamaulipeca fue y es extremadamente diversa. La composición y estructura de las primeras comunidades de plantas, al parecer varió extensamente ya que en épocas pasadas la provincia era un mosaico de ensambles de vegetación (Scifres y Hamilton 1993). Actualmente, sin embargo, existen muchos indicadores de que la vegetación en una gran parte del área ha cambiado notablemente a partir de los albores del siglo XIX.

En 1580 se describió esta región como "país abierto, con planicies y llanuras y pocos bosques densos" (Duaine 1971). Jean Louis Berlandier (Ohlendorf, Bigelow, y Standifer 1980) en 1828 describió esta región del país como "llanuras interminables" y algunas zonas como "bosques de mimosa, gobernadora y yuca." Las plantas jóvenes leñosas pudieron haber estado siempre presentes, pero simplemente no fueron evidentes en los pastizales. Según Lehmann (1969), los exploradores españoles encontraron pasturas "generalmente buenas pero difícilmente excelentes" a lo largo del Río Grande. Las llanuras adyacentes del Río Grande fueron descritas a fines de los años 1,600 y principios de los 1,700 como poseedoras de "buen pasto con árboles de mezquite esparcidos". Sin embargo, Lehmann (1969) concluyó que "en los primeros años - aún antes de la existencia de animales domésticos- áreas que carecían de buen pasto se hallaban dentro de las llanuras del Río Grande". Algunas porciones del pastizal habían empezado a deteriorarse en 1850, coincidiendo con el tiempo en que la ganadería empezó a intensificarse (en 1852, la vegetación era principalmente matorral (arbustivas) en los alrededores de Laredo; en 1880 se advirtió la diseminación de "chaparral" y cactáceas cerca de la orilla del Río Grande). Para 1900, los pastizales fueron deteriorados gravemente, lo cual puede atribuirse en gran parte al desplazamiento de la dominación de pastos y herbáceas por una dominación de plantas leñosas (Johnston 1963, Archer 1989, Boutton et al. 1998).

Aunque la región del sur de Texas se pudo caracterizar principalmente como pastizal abierto o sabana hace 150 a 200 años, las plantas leñosas,- principalmente las mismas especies que están presentes hoy-, prosperaron a lo largo de las riveras del río, montañas escarpadas, acantilados, y en otras áreas que estuvieron protegidas de los fuegos. Estas primeras plantas de arbustos y árboles sirvieron como una fuente de semilla que se extendió año con año en los pastizales. Generalmente, el pastoreo fue ya sea ligero, estacional o no existente, y siempre existió una capa de pasto sobre el suelo. Esta cubierta sirvió para prevenir el establecimiento de arboles de muchas variedades de especies leñosas. Otras especies leñosas tales como el mezquite, pudieron haber tenido amplia oportunidad para germinar y establecerse (Archer 1995a), especialmente si sus semillas fueron ampliamente diseminadas por el ganado (Brown y Archer 1987). Sin embargo, las estaciones húmedas que pudieron haber promovido el establecimiento de las semillas de plantas leñosas, también promovieron la producción de pastos y otras plantas herbáceas. Esto, en su oportunidad, condujo a la acumulación de fino combustible que en las estaciones de secas, hacía al paisaje vulnerable al fuego. Subsecuentemente, descargas de rayos, actividades de los nativos americanos o colonizadores europeos con intensión o sin intensión, se combinaron para producir frecuentes fuegos en el sur de Texas. Estas incendios extremadamente calientes de las épocas de secas, mataron la mayoría de las plantas leñosas, pero permitieron que los pastos crecieran bajo condiciones muy favorables siguiendo el paso de los fuegos. Algunas plantas de especies leñosas especialmente persistentes (como el mezquite), ocasionalmente sobrevivieron y finalmente crearon sabanas en algunas áreas, modificando definitivamente el paisaje.

El advenimiento de europeos y el desarrollo de la agricultura trabajaron contra este equilibrio de factores ecológicos que mantenían a los pastizales y las sabanas abiertas y condujeron a la creación de áreas de matorrales y bosques. Este cambio fue acelerado por la introducción del ganado y el cercado. El cercado restringió el movimiento de los relativamente grandes hatos de ganado, cabras, ovejas y caballos y continuamente resultaron en una excesiva utilización del forraje. Se expusieron superficies de suelos y las brechas creadas pudieron haber favorecido el establecimiento de especies leñosas, diferentes de las que los animales domésticos dispersaban (mezquite y varias especies de Acacia; Brown y Archer 1987, 1989). Al eliminarse el forraje por el pastoreo, también se quitó el combustible fino que generaba los fuegos intensos, calientes requeridos para matar las plantas jóvenes leñosas. Más tarde, donde el combustible estaba disponible para este tipo de fuegos, los pobladores se encargaron de suprimirlos. Un poco más recientemente, el aumentó de los niveles de CO2 atmosférico, como producto de la revolución industrial, pudo haber favorecido el desarrollo de plantas leñosas en detrimento de los pastos (Polley et al. 1997). A través del tiempo, las plantas leñosas ganaron una competencia decisiva a los pastos y las herbáceas que caracterizaban las pastizales originales, y se formó el "país del arbusto". Este cambio en la vegetación alteró la condición del pastizal, la composición de la vegetación y la estructura vegetativa y calidad nutritiva. Hoy, la cobertura de planta leñosa es el común denominador de los pastizales de la región. La fisonomía del matorral espinoso y el arbusto bajo espinoso son distintivos de las llanuras del Río Grande de tal manera que esta región es comúnmente conocida como el "país del arbusto."

PROCESOS DE CAMBIO

Se ha mostrado que la sucesión de pastizal a bosque empieza cuando el mezquite mielero o especies con crecimiento de forma similar, invade y se establece en sitios del pastizal y entonces facilita el ingreso, establecimiento y/ o crecimiento de varias especies de arbustivas en su dosel (Archer et al. 1988). Una vez establecida la planta de mezquite facilita el establecimiento de arbustos bajo su dosel suministrándoles sitios de protección a los pájaros, los cuales dispersan las semillas de numerosas especies leñosas. El mezquite también es capaz de lograr la fijación simbiótica de N2 lo cual sumado a la agregación de materia prima por la caída de las hojas en otoño, aumenta la fertilidad del suelo mientras altera las condiciones de la temperatura, luz y humedad de la tierra abajo de su dosel. Esta modificación de suelos y microclima refuerzan la germinación, establecimiento y/ o crecimiento de los arbustos bajo su dosel. Distintas "manchas" de arbustos organizadas alrededor del núcleo del mezquite pasan a desarrollarse dentro de la vegetación del pastizal (Whittaker et al. 1979). Con el transcurso del tiempo, conforme se forman y se expanden nuevas manchas de arbustos, éstas se unen y se va formando un monte continuo con dosel cerrado (Archer 1995b). La planta de mezquite que inició la formación de las manchas de arbustos eventualmente muere; su muerte es provocada por la acelerada competencia de raíces de múltiples arbustos que ella misma propició (Barnes y Archer 1996). Lo que permanece posteriormente, es una mezcla diversa de plantas de especies leñosas.

VEGETACIÓN ACTUAL

La Provincia Biótica Tamaulipeca en Texas comprende dos áreas principales de vegetación: las llanuras del sur de Texas y las praderas y pantanos del Golfo. Las principales subdivisiones de las llanuras del sur de Texas son: el norte, la zona occidental, la zona céntrica del Río Grande y la zona baja del Valle del Río Grande. Otra posible subdivisión podría ser el área de 3860 millas cuadradas de arena aluvial entre Kingsville y Raymondville y al oeste a Hebbronville. Comúnmente, se le llama a esta área "Desierto del Caballo Salvaje" o Planicie de arena costera (Fulbright et al. 1990). Las praderas y pantanos del Golfo son subdivididos en dos áreas que comprenden la Pradera Costera y la Pradera Salina de la Costa.

Praderas de la Zona Costera

Colectivamente, la Pradera Costera y la Pradera salina de la Costa ocupan aproximadamente 9.5 millones de acres y se extienden adyacentes a lo largo de la costa. La elevación de esta zona es de menos de 150 pies con suaves llanuras ondulantes, y su época de crecimiento normalmente excede trescientos días. La vegetación potencial de la pradera Costera es un pastizal de mediano a alto o sabana, con manchones de mezquite y/o encino (oak live), con densas áreas pobladas de arboles a lo largo de los arroyos y ríos. La mayoría de la zona, sin embargo, está actualmente dominada por densos matorrales que reducen las posibilidades de manejo de ganado y limita el valor de algunos sitios como hábitat para la fauna silvestre.

Llanuras del Río Grande

Los arbustos dominan el paisaje contemporáneo de las llanuras del sur de Texas y Trans-Pecos. Los arbustos del desierto y arbustos deciduos de Trans-Pecos son relativamente bien conocidos. En contraste, la composición de la última fase de matorrales (ceral) de las planicies del sur de Texas es muy poco conocida (Diamond et al. 1987).

Clover (1937) y Scifres y Hamilton (1993) observaron la vegetación del Río Grande o las llanuras del Sur de Texas como un complejo de arbustivas con arborescentes verdes en el verano, matorral espinoso verde en el temporal y componentes arbustivos verdes en verano en condiciones secar a humedas. En general existen dos tipos de comunidades de arbustos en el área: los que crecen a los lados de rios y en bosques bajos y matorral espinoso de altura y bosques espinosos. Estas dos divisiones principales comprenden una serie de comunidades o sitios de pastizal. Excluyendo los pantanos de la costa y la parte baja del Valle del Río Grande, McLendon (1991) reconoció 29 comunidades de plantas. Estas incluyeron dos pastizales el Trichloris pequeño de tallo azul y el (seacoast bluestem-balsamscale), dos bosques (hackberry-huizache) y el encino-roble blanco (live oak-post-oak) y seis asociaciones de matorrales. Los matorrales incluyen dos asociaciones mesicas (mezquite-granjeno y huizache-nopal) y cuatro asociaciones xericas (mesquite-nopal, guajillo-cenizo, blackbrush-twisted acacia, y gobernadora-nopal). Cada una de estas comunidades puede consistir de una o dos especies dominantes pero pueden incluir 12 o más especies subordinadas (Drawe y Higginbotham 1980).

Los pastizales típicos regionales incluyen navajita rojo (Bouteloua trifida), mezquite rizado (Hilaria belengeri), barbón bicolor (Pappophorum bicolor), pajita tempranera (Setaria macrostachya), y el tres barbas (Aristida sp.). El pasto Buffel (Cenchrus ciliaris) a menudo se siembra en pastizales y sitios del valle.

CONDICIONES ACTUALES

El método más confiable para clasificar la condición relativa actual del pastizal, es mediante la comparación de la vegetación presente con su comunidad clímax. La comunidad clímax es la vegetación más estable y, normalmente, la combinación más productiva y deseable de plantas que una área puede sustentar. Tanto el manejo previo como el actual, así como los factores climáticos afectan la condición del pastizal. Actualmente, la estandarización de métodos para evaluar la condición de los pastizales es un tema de prominencia en la política nacional y diversas metodologías propuestas para clasificar la condición del pastizal y sus temas relacionados de política son discutidos y debatidos en un reciente reporte coordinado por el Consejo de Agricultura de la Academia Nacional de Ciencias, (National Research Council, 1994).

De acuerdo con el más reciente inventario disponible sobre pastizales en Texas, el 15% de los pastizales en el sur de Texas se clasifica como bueno, 65% como regular y 20% como de condición pobre (Texas Soil and Water Conservation District Board 1991). Un estudio reciente realizado por el autor principal, mostró que 81.6% de los sitios de pastizal del sur de Texas producía 1000 kg/ha o menos de pastos nativos. Adicionalmente, 59.3% de este pastizal soporta diversas densidades de pasto buffel. Cuando el pastizal nativo y el pastizal de pasto buffel son separados y clasificados, los pastos nativos se encuentran en condición ecológica regular o pobre. Los pastizales de pasto buffel están en condición de buena a pobre, con base en los criterios de niveles de densidad de planta, producción, y salud/ vigor.

Realmente, el sobrepastoreo ha sido la norma por más de 200 años en la región. La mayoría de los sitios de pastizal en las planicies del Río Grande (RGP) tienen un pastoreo de moderado a severo, pero aproximadamente el 20.7% de los pastizales no se pastorean en absoluto. Estas son tierras que están incluidas en el Programa de Reserva de Conservación (CRP), en el cual el pastoreo está prohibido. La falta de pastoreo también refleja políticas de desganaderización por parte de los propietarios que reconocieron la sequía incipiente de hace varios años y eliminaron o desplazaron el ganado y cambiaron sus objetivos de producción de la ganadería a la fauna y/o a otros usos.

Como fue mencionado previamente, el paisaje está caracterizado por el chaparro espinoso tamaulipeco y las plantas leñosas son dominantes en la mayoría de los sitios de pastizal. En efecto, más del 93% de la tierra de la región sustenta algún nivel de vegetación leñosa. Las densidades de las arbustivas varían debido a las capacidades inherentes de cada sitio del pastizal para sostener la vegetación leñosa y el manejo previo del pastizal. Hoy, el 25% de los sitios tiene un promedio de vegetación leñosa que cubre de 0-25% de su superficie, 15% tiene una cubierta de vegetación leñosa de 26-50%; el 18% tiene del 51-75%, y 43% tiene doseles de 76-100% (Hanselka, información sin publicar).

En 1967 el Servicio de Conservación de Suelo del USDA (actualmente el Servicio de Conservación de Recursos Naturales NRCS) llevó a cabo estudios de todos los Distritos de Conservación de Tierra y Agua de Texas. En un área de tres condados a lo largo del Río Grande, el 63.5% del pastizal requería mejora de algún tipo, el 6.3% requería solamente manejo de arbustivas, el 1.5% requería solamente de restablecimiento de la vegetación y el 55% requería tanto de manejo de arbustos como restablecimiento de la vegetación (Guerrero 1967). Los problemas dominantes de erosión por viento o agua fueron los primeros que impactaron los pastizales. En 1987, un estudio similar reportó como problema principal el manejo impropio del pastizal en el Starr County, pero los tres condados reportaron que malezas indeseables y las arbustivas continuaban siendo un severo problema (Texas State and Water Conservation Board, 1982).

IMPLICACIONES DEL MANEJO

El principal uso del pastizal en la Provincia Biótica Tamaulipeca es para la producción de ganado de carne y de fauna silvestre. Los ranchos ganaderos del área con el fin de mantenerse como empresas, económicamente viables tendieron a aumentar su superficie debido a la baja capacidad de sostenimiento del pastizal. La mayoría son empresas de producción ganadera del sistema vaca/becerro pero también hay algunos que tienen engorda de vaquilla y novillo castrado. Empresas productoras de carne de cabra también son comunes pero hay pocas empresas comerciales. Problemas con la ganadería y con el manejo de los ecosistemas como los descritos en este reporte hay muchos. La sostenibilidad de la ganadería requerirá de sistemas y prácticas que sean económicamente viables, ambientalmente sensatos y socialmente aceptables para poder alcanzar los objetivos del propietario de la tierra/administrador. La producción animal sostenible requerirá de un manejo del ecosistema que permita la estabilidad del suelo y una mezcla deseable de especies de plantas. Los sistemas eficaces y eficientes de administración de costos son esenciales para la sostenibilidad económica.

La base de la sostenibilidad ganadera, esta por lo tanto, en "un manejo del ecosistema ganadero" como una función directa de un sano o saludable funcionamiento de los ecosistemas productivos. La luz del sol tiene que ser convertida tan eficientemente como sea posible con pocos insumos de cultivo costosos; el agua tiene que captarse, asignarse y usarse eficaz y eficientemente y los minerales tienen que ser reciclados constantemente. El manejo adecuado del ecosistema puede reforzar estos procesos y mantener su sucesión cuando se mantiene la biodiversidad (Savory 1988). En este contexto, herramientas tales como el pastoreo de ganado, la replantación y el manejo de arbustivas tienen que ser consideradas como un sistema integrado.

Un pastoreo inadecuado es uno de los principales problemas de prácticamente toda la región del sur de Texas. Sin embargo, bajo condiciones de manejo adecuado, el pastoreo y una buena condición del pastizal son perfectamente compatibles. Si un pastizal está en condición baja pero no está dominado por arbustos, entonces un manejo adecuado del pastoreo permite que las especies de pastos más deseables se restablezcan por sí mismos con subsecuentes mejoras en la condición del pastizal. Dos principios fundamentales de un buen manejo del pastizal son la tasa de intensidad de uso y los períodos adecuados de descanso (control de la frecuencia de uso). Bajo una adecuada intensidad y adecuada frecuencia de pastoreo, se permite que las plantas más productivas del pastizal alcancen la madurez para reproducirse y esparcirse, lo cual permite eliminar la vegetación menos deseable. Con un buen manejo del pastoreo, es posible alcanzar rápidamente mejoras en la condición del pastizal, dependiendo de factores tales como una adecuada fuente de semilla y una precipitación favorable.

Los pastizales deben ser replantados con plantas herbáceas si su degradación ha progresado demasiado. Especies introducidas de pastos tales como el pasto bermuda híbrido (Cynodon dactylon); el pasto buffel (Cenchrus ciliaris) y el kleingrass (Panicum coloratum) se han usado exitosamente a través de los años. Preguntas acerca del riesgo, la biodiversidad, el tamaño de la superficie a ser sembrada, etc. tienen que ser contestadas antes de iniciarse un programa de resiembra. Hay pocas especies nativas de leguminosas de invierno disponibles para sembrar.

Una cubierta densa de arbustos va en detrimento de las tendencias positivas en la condición del pastizal, porque compite con especies herbáceas del pastizal por la luz del sol, agua y nutrientes. Las especies leñosas son generalmente más longevas y agresivas. Hay un umbral de la densidad y dominación de este tipo de plantas más allá del cual la recuperación de la condición del pastizal a su vegetación clímax es difícil o imposible (Archer 1989). Una vez que este límite es cruzado, aún los mejores métodos de manejo del pastizal solamente provocan pequeños cambios para mejorar la condición del pastizal. En suma, el uso de fuego controlado para cortar la expansión de los arbustos o para reducir la cobertura de plantas leñosas llega a ser cada vez más difícil , ya que estas suprimen el fino combustible de material vegetativo requerido por el fuego. En estos casos, un manejo agresivo de los arbustos puede ser necesario para reducir su cobertura y crear oportunidades para el establecimiento de pastos y otras plantas herbáceas. Inicialmente, esto puede implicar el uso de métodos mecánicos, químicos, biológicos y fuegos controlados, usados ya sea individualmente o en combinación. Una vez que la cubierta de arbustos es reducida por estos métodos, tratamientos efectivos de seguimiento con prescripción de fuego serán posibles y necesarios si se quiere mantener la cubierta de pasto. En lugar de esto, sin tratamientos adecuados de seguimiento, las densidades de plantas leñosas pueden incrementarse por tratamientos de una sola aplicación (Fulbright y Beasom 1987, Springer et al. 1987, Vanzant et al. 1997). Sin embargo, el uso de fuego como un tatamiento de seguimiento es contingente o depende de prácticas progresivas de manejo del pastizal las cuales periódicamente permiten que el fino combustible de material vegetativo se acumule.

La relación costo-efectividad del manejo del arbusto, usualmente involucra propósitos e intervenciones continuamente ajustadas o modificadas usando una mezcla de métodos. El enfoque de sistemas integrados considera aspectos ecológicos y económicos conjuntamente (Scifres et al. 1985). Este considera el impacto de los tratamientos con los procesos del ecosistema y el alcance de los objetivos. El pastoreo, la fauna y los componentes económicos se analizan cuidadosamente antes de la iniciación del programa. Sin embargo, los costos y la eficacia de un programa de inversión para aplicar un sistema integrado de manejo de arbustivas (IBMS) no pueden ser estimados de antemano con cierto grado de certeza, debido a interacciones ecológicas y factores climáticos; así la decisión de invertir en IBMS involucra riesgo. Además, la eficacia y el horizonte de recuperación de la inversión de un tratamiento de IBMS se produce normalmente en un periodo de diez años o más.

Aunque una baja condición del pastizal y altas densidades de arbustos son problemáticos para lograr un exitoso pastoreo del ganado, estas condiciones pueden verse de un modo distinto cuando se relacionan con el hábitat de la fauna. La importancia económica de la caza para los ranchos del sur de Texas se ha incrementado notablemente durante las décadas pasadas (Bartoskewitz 1996). Dado el potencial valor económico de la caza en el sur de Texas, los ganaderos y los propietarios de tierras deben conocer los requerimientos del hábitat para las especies de caza y las amenidades deseadas por el cazador, en sus programas de manejo del pastizal. Las prácticas de manejo de los arbustos tradicionalmente empleadas por los empresarios ganaderos, pueden tener efectos adversos sobre el hábitat de la fauna silvestre (Fulbright y Beasom 1987, Steuter y Wright 1980).

Un aumento importante del ímpetu económico por el manejo sostenible de la biodiversidad para sostener la fauna silvestre -en adición a los ingresos generados por la cacería- el recibimiento de observadores de aves y otros tipos de turistas observadores de la naturaleza "ecoturismo" es un mercado creciente para la empresa privada ganadera. Los ingresos del ecoturismo en Texas aumentaron 30% anualmente de 1987 a 1994, y se espera que el turismo relacionado con la naturaleza involucre 18 millones de participantes en el año 2000 (Texas Parks and Wildlife Dept. 1996). En el sur de Texas, varios ranchos han empezado recientemente ha organizar visitas guiadas para los intereses especiales de observadores de pájaros y fotógrafos de la fauna silvestre. Actualmente el costo de estas giras, se establece de acuerdo a las amenidades o diversiones ofrecidas y la exclusividad de la visita.

En resumen, el manejo de los ecosistemas de pastizales con objetivos múltiples es un tema de creciente importancia para los propietarios de tierras en el sur de Texas. Los pastizales sostenibles son la clave para definir la calidad del hábitat de la fauna silvestre, tanto para la de caza como para la de observación, así como para jugar un papel esencial en una ganadería sana sustentada en el pastoreo del ganado. Por lo tanto, un ecosistema saludable marca la diferencia en el manejo de opciones económicamente factibles para los ganaderos y para la sostenibilidad global de los ecosistemas ganaderos de la región.

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